martes, 12 de noviembre de 2013

Capítulo 20

Novela: "Al desnudo"
Capitulo 20
Él  se  rio  sin  mirarme.  Tenía  los  ojos  puestos  en  el  techo. Se  pasó  una  mano  por  la  frente  para apartarse el pelo de los ojos.
—Yo siempre tengo preservativos.
Yo me acomodé contra uno de los cojines; en aquel momento empecé a notar sensaciones de las que no  me  había  percatado  unos  segundos  antes.  De  cómo  me  apretaban  los  tirantes  del  sujetador;  de  lo cansada que me encontraba de repente. Bostecé.
Él me miró.
—¿Tienes sueño?
Yo  suspiré,  bostecé  otra  vez  y  me  incorporé. Analicé  mis  emociones.  Nada  de  aquello  me  parecía superficial.  Más  bien,  todo  lo  contrario.  Me  sentía  como  si  aquel  hombre  y  aquella  noche  significaran demasiado.
En aquella ocasión fingí el bostezo.
—Será mejor que me marche.
Me levanté del futón y comencé a buscar mis braguitas antes de que Peter dijera nada.
—Espera, ¿cómo? Espera un minuto, Lali.
Se sentó al borde del futón y me tendió una mano.
La luz que provenía de la lámpara de un rincón le iluminaba tenuemente un lado de la cara, y la luz que se reflejaba en la pantalla de la televisión, el otro. De nuevo, lo vi entre las sombras.
—Quédate.
Supongo  que  alguna  gente  creativa  oye  música,  o  poemas,  o  partes  de  un  diálogo,  mentalmente. Yo hago fotos. Y, en un segundo, hice aquella fotografía.
Yo  había  salido  con  chicos  negros,  blancos  y  asiáticos,  y  sabía  que  el  color  de  su  piel  era  lo  que menos les diferenciaba a todos ellos. Sin embargo, una cosa que había averiguado sobre los blancos era que a todos, sin excepción, les encantaba mi pelo.
Peter no era distinto. Me acarició los rizos largos y enredados. Después me apartó el pelo de la cara y me acarició la frente.
—Eres maravillosa, ¿lo sabías?
Yo me apoyé en ambos codos.
—Ummm.
Peter se rio y me besó en los labios.
—No hagas ese ruidito como si no creyeras lo que te he dicho. Detesto que la gente no sea capaz de aceptar un cumplido.
—Muy bien. Soy maravillosa —dije. Entonces, le pasé la lengua por la mandíbula y apoyé la cara en el hueco de su cuello.
Él se enroscó un mechón de mi pelo en un dedo, y después lo soltó. Lo enroscó de nuevo. Yo lo miré con una ceja arqueada. Él se rio y me soltó.
—Lo siento.
—No pasa nada. A mí también me gusta tu pelo —comenté, y le pasé los dedos entre los mechones suaves, dejando que le cayera por la frente cuando terminé de acariciarlo.
—¿Lo has llevado siempre así?


Yo me senté.
—Eso nunca me lo había preguntado nadie.
Él  se  sentó  también.  Estábamos  desnudos,  con  las  piernas  cruzadas,  uno  frente  al  otro,  y  nuestras rodillas se tocaban. Peter tomó un cojín y se lo puso en el regazo, y yo hice lo mismo.
—No tienes por qué contármelo.
—No me importa, de verdad. Cuando era pequeña, mi madre no sabía qué hacer con mi pelo. El pelo natural no estaba de moda, aunque mi madre era una mujer muy natural, en realidad. Llevaba faldas de gitana y pañuelos en la cabeza. Sandalias de cuero.
—¿Pachulí?
—Exacto —dije yo, riéndome. Me sentía muy cómoda con él—. Bueno, al final empezó a llevarme a
un  peluquero  especializado  en  pelo  de  gente  negra,  y  así  nos  fue  bien.  Nos  relajamos  durante  una temporada, mientras yo estaba en el instituto. Después, cuando entré en el colegio, tuve una especie de… No fue una epifanía, exactamente. Más bien fue una crisis de identidad. Pensé que iba a intentar ser negra para variar…
Él se quedó tan asombrado que me eché a reír.
—Soy adoptada.
—Ah. Oh. ¿Ah? —preguntó él, todavía confuso.
—Mis padres son blancos.
—Ah, bien. Ahora lo entiendo.
—Sí —dije yo, asintiendo—. Bueno, cuando fui a la universidad, pensé que ya era hora de explorar esta otra identidad. No la identidad con la que me habían criado. Me apunté a la hermandad negra y al
Club Cultural Negro.
—¿Y qué tal?
—Bueno, hice algunos amigos muy buenos, pero fue difícil. Para la mayoría de sus miembros no era lo  suficientemente  negra,  ni  mi  piel,  ni  mi  forma  de  actuar.  Fue  duro,  pero  aprendí  mucho  sobre  mí misma. Y, ¿no es eso lo que se supone que hay que hacer en la universidad?
—No lo sé. Yo no fui.
—¿No? —pregunté yo—. ¿Ni siquiera a la universidad de tu zona?
—No.
—Vaya —dije. Aquello hacía que su éxito profesional me pareciera más impresionante todavía, pero no se lo dije. Me sentía azorada.
Él se encogió de hombros.
—Debería haber ido. Tal vez hubiera aprendido algo sobre mí mismo.
Me estiré sobre un costado, apoyé la cabeza en una mano y pasé los dedos por su muslo.
—Yo  tampoco  lo  aprendí  todo  —dije—.  Bueno,  de  cualquier  forma,  fue  entonces  cuando  decidí dejarme  el  pelo  al  natural.  Era  más  fácil  que  estar  luchando  con  él  a  todas  horas. Además…  fue  una conexión conmigo misma, aunque pueda parecer una tontería.
—No, para mí tiene sentido. De hecho es envidiable.
Me reí suavemente.
—Claro.


—Pues  sí,  lo  es  —dijo  él,  y  volvió  a  acariciarme  el  pelo  de  nuevo.  Me  colocó  algunos  mechones sobre el hombro y añadió—: Te sienta muy bien.
Entonces, me pareció lo más natural del mundo besarlo. Él abrió la boca bajo la mía, y me acarició con  la  lengua.  Dejé  que  mi  pelo  le  acariciara  el  cuerpo  según  me  agachaba,  y  tomé  su  miembro  en  la boca.
Lo succioné lentamente. Él se arqueó. Yo percibí el olor y el sonido de su deseo. Me perdí en ellos. Encontré mi clítoris con los dedos y me masturbé mientras lo acariciaba. Cuando Peter llegó al clímax, metió los dedos entre mi pelo, y yo sonreí.
Unos minutos más tarde, los latidos de su corazón fueron calmándose bajo mi mejilla. Su respiración también. Roncó un poco desde la garganta. Era muy dulce. Se quedó relajado debajo de mí, y antes de que pudiera darme cuenta, yo también me había quedado dormida.
_______

Me desperté y percibí el olor del bacón friéndose y del café haciéndose en la cafetera. Me estiré bajo las mantas y mis manos se toparon con un montón de cojines. Me incorporé, frotándome los ojos sobre el
futón que había en mitad del salón de Peter Lanzani. Y estaba desnuda.
Lo  veía  más  allá  del  arco  de  entrada  a  la  cocina.  Bueno,  veía  parte  de  él.  Los  armarios  que  había
sobre  la  encimera-isla  que  dividía  el  salón  y  la  cocina  dejaban  unos  sesenta  centímetros  de  espacio abierto, a través del que veía desde sus hombros hasta sus muslos. Tenía una bonita vista de su trasero, cubierto por un calzoncillo, y de los extremos de las cintas del delantal, que se balanceaban contra él.
Yo miré a mí alrededor, en busca de la ropa. Vi un calcetín, una bota, mi camisa. Un trocito de color naranja me dijo que mis braguitas estaban debajo del futón. Las tomé justo cuando Peter aparecía por el arco.
—Buenos días.
—Hola.
Llevaba una cuchara de madera en la mano, y el delantal que yo había visto por detrás resultó tener el dibujo de un torso de mujer en bikini, con unos pechos enormes.
—¿Tienes hambre?
Un hombre que llevaba pantalones de pijama de Hello Kitty no iba a amedrentarse a la hora de usar un delantal del otro sexo para freír bacón, pero a mí se me escapó una carcajada de todos modos.
—Umm…
Él  sonrió,  y  se  pasó  una  mano  por  delante  del  delantal,  para  acariciar  los  enormes  pechos  del dibujo…
—Bonito, ¿eh?
—¿Sabes? Mi actual círculo de amigos me ha dado tantas sorpresas que ese delantal debería haberme pasado inadvertido.
Comencé a vestirme, y noté que tenía su olor por todo el cuerpo. No encontré el sujetador, pero de todos modos me puse el jersey sobre la piel desnuda, y se me endurecieron los pezones en cuanto la tela suave los rozó.
Me di cuenta de que Peter me estaba mirando cuando tomé dos mechones de mi pelo para sujetarme el resto de la melena con un  nudo.  Se  le  había  quedado  la  sonrisa  congelada  en  los  labios  durante  un segundo. Si yo no lo hubiera mirado en aquel preciso instante, me habría perdido la expresión de su cara.
—¿Peter?

Él agitó la cuchara de madera.
—El desayuno está listo, señora.
Nos miramos el uno al otro. La mañana siguiente. Ahí estaba. Yo intenté encontrar una razón por la que no debiera besarlo, pero no di con ella, así que me acerqué y le besé como si lleváramos años siendo amantes.

Continuará...
__________________________________
Hola chicas soy Cielo de http://casijuegosca.blogspot.com.ar Espero que les guste la novela! :D 

DEDICADO A: Yeni :D del blog: http://abetterworldlaliter.blogspot.com.ar/

VOTEN POR LALITER DONDE DICE QUE PAREJA PREFIEREN:
http://www.mundotkm.com/encuestas

Capítulo 19

Novela: "Al desnudo"
Capitulo 19
Yo no le detuve, y él salió del estudio. Tardé unos minutos en decidirme a seguirlo. Lo encontré en la escalera de incendios, con otro cigarro sin encender entre los labios. Se había puesto la chaqueta y no se había hecho el nudo de las botas.
—Muy James Dean —dije.
Él no respondió.
Yo tampoco dije nada más. Nuestro segundo beso fue más fuerte, más áspero, más torpe. Peter me estrechó contra sí, y sus manos encontraron mi trasero cubierto por la lana gruesa de mi abrigo. Yo sentí su calor de todos modos. Todo en él era calor y dureza. El aire estaba tan frío que me quemó la garganta cuando inhalé, pero su aliento me dio calor.
Él me dio calor.
Abrió la pesada puerta trasera de metal y los dos entramos; después, cerró de una patada. Sin dejar de  besarnos  recorrimos  todo  el  pasillo,  y  él  abrió  su  puerta  también  de  una  patada,  pero  la  agarró fácilmente con una mano antes de que golpeara la pared.
Entonces dejamos de besarnos un momento. Yo necesitaba respirar. Tomé aire.
Peter se abrió el primer botón del chaquetón y yo vi un poco de su carne desnuda debajo. Él se abrió otro botón, y vi más piel desnuda.
Bajo el abrigo, yo  llevaba la  ropa  salpicada  de  pintura,  pero  estaba  desnuda  bajo  su  mirada.  Me sentía desnuda. Quería estar desnuda.
Peter se desabrochó otro botón, y yo vi que todo su pecho estaba desnudo. Se quitó el chaquetón y lo arrojó a un lado, y dio un paso para acercarse a mí. Me miró fijamente, escrutándome. Ninguno de los
dos  hablamos;  en  aquella  ocasión,  me  besó  con  lentitud,  deliberadamente,  y  yo  no  tuve  modo  de confundirme en cuanto a sus intenciones… ni sus preferencias.
Él llevó sus manos a mis caderas y agarró el bajo de mi camiseta. Comenzó a subirlo lentamente, y la tela me hizo cosquillas en el vientre. Noté el aire frío en la piel, y me estremecí.
—Acaríciame —me dijo.
Noté su calor cuando extendí los dedos sobre su pecho. Posé las palmas sobre sus pezones. Noté los latidos  de  su  corazón,  y  la  elevación  de  su  pecho  cada  vez  que  respiraba.  Crispé  los  dedos  y  le  clavé ligeramente las uñas.
Su gruñido se clavó directamente entre mis piernas. Peter puso una de sus manos sobre la mía, y las colocó  sobre  su  corazón. Yo  pensé  que  quería  apartarla  porque  le  había  hecho  daño,  pero  se  limitó  a apretar un poco más fuerte mis dedos contra su piel. Yo le marqué la carne con las uñas, y lo miré a los ojos.
—Peter…
Él volvió a besarme. Peter había amueblado el apartamento con una pantalla plana de televisión colgada de una pared, y con un futón cubierto de cojines gigantes de distintos colores. Estaba a pocos pasos de nosotros, pero yo no sabía si íbamos a conseguir llegar a él. Pensé que iba a dejarme caer allí mismo, sobre el suelo, y arrastrarlo a él conmigo.
Nos acercamos un par de pasos al futón. Él mantenía mi mano prisionera contra su pecho, pero en aquel momento hizo una pausa. Se apartó de mí y me soltó, y agarró la tela que estaba arrugada en mis caderas. Dio un paso atrás y me miró de arriba abajo. Sonrió con picardía, seductoramente. Con una mirada sabia.


No me conocía. No podía conocerme. Pero yo deseaba que me conociera.
—He querido hacer esto desde la primera vez que te vi —dijo.
Entonces, deslizó las manos por dentro de mi pantalón y me acarició el vientre.
Después  me  sacó  la  camiseta  por  la  cabeza.  Yo  llevaba  un  sujetador  de  encaje  naranja  y  unas braguitas a juego. El color brillaba contra mi piel.
—Bájate la cremallera —me dijo.
Yo  lo  hice,  y  él  me  bajó  los  pantalones  mientras  me  apoyaba  en  su  hombro  para  mantener  el equilibrio.
Peter me agarró el trasero con ambas manos y me mantuvo inmóvil mientras me hacía cosquillas con los labios en la piel del vientre. Yo pasé las manos de sus hombros a su pelo.
Cubrió con su boca la tela de mis braguitas, y yo noté el calor de su respiración a través del satén. Miré hacia atrás, hacia el futón que nos estaba esperando.
Lo llevé de la mano hasta allí, aparté los cojines y lo empujé para que se tumbara. Después trepé por su cuerpo y me senté a horcajadas sobre él. Su miembro empujaba las costuras de su pantalón vaquero.
Lo  acaricié, y Peter se  arqueó  mientras  tomaba  aire  profundamente.  Cerró  los  ojos  un  instante, asimilando el placer.
Yo lo sentía caliente y grueso, pero la tela que había entre nosotros tenía que desaparecer. Le bajé la cremallera y le desabotoné el pantalón, y se lo bajé. Cuando liberé su pene, se lo acaricié de nuevo, piel con piel. Él se estremeció y emitió un ruido tan delicioso que quise comérmelo. Iba a hacer aquello, sin vacilación, sin preocupaciones. Sabía cuál era el peligro al que me exponía, al fin y al cabo, y eso era más de lo que podía decir sobre muchas otras cosas de la vida.
Alcé  mi  cuerpo  para  deslizarle  los  vaqueros  por  las  piernas,  y  después  volví  a  sentarme  sobre  él.
Peter se puso las manos detrás de la cabeza y me observó mientras yo lo acariciaba durante un momento más. Pero, al final, me agarró la muñeca con una mano.
—Espera —me dijo, y tiró de mí hacia sí para besarme en la boca.
Rodamos, y yo quedé bajo él. Colocó la rodilla entre mis piernas y apretó el muslo contra mi sexo. Noté que las braguitas se me resbalaban contra la carne caliente y húmeda.
—No  quiero  terminar  antes  de  que  empecemos  —me  dijo,  mientras  me  besaba—.  Eso  no  sería  tan bueno.
Pasó  la  mano  entre  nosotros,  y  encontró  mi  clítoris  con  un  dedo  a  través  de  la  tela  suave  que  lo cubría, y dibujó círculos sobre él. Sentí un placer intenso e inesperado, y me arqueé hacia arriba.
Él me clavó sus ojos grises mientras seguía dibujando círculos.
—Quiero estar seguro de que recuerdo lo que estoy haciendo.
—A mí me parece que lo haces perfectamente —murmuré yo.
Posó  la  palma  de  la  mano  en  mi  vientre,  y  yo  permanecí  inmóvil,  con  los  nervios  de  punta. Peter deslizó los dedos por la cintura de las braguitas y después por debajo.
— ¿Así?
—Sí…
—Bien  —prosiguió  él,  y  metió  la  mano  más  hacia  abajo.  Me  tocó  suavemente  con  el  dedo,  y  se deslizó en mi cuerpo—. ¿Así?
—Sí.


Se detuvo lo justo para quitarme las braguitas, unos segundos, pero lo suficiente para que mi cuerpo sintiera  una  descarga  eléctrica  cuando  volvió  a  tocarme.  Él  estaba  tendido  de  costado,  apoyado  en  un codo, mirándome la cara mientras hacía magia con los dedos.
—Para —le pedí después de unos instantes, con la voz temblorosa—. No quiero terminar demasiado rápido.
Él  se  echó  a  reír  y  me  besó. Aunque  yo  le  había  pedido  que  parara,  se  limitó  a  ir  más  lento.  Me acarició la oreja con la nariz.
—Me acabo de dar cuenta… de que no tengo preservativos.
Yo había cerrado los ojos y me había abandonado al placer, pero los abrí de golpe. Me senté, con el corazón acelerado, y creí que iba a tener un orgasmo solo por haber apretado el cuerpo contra su mano, pero me contuve respirando profundamente unas cuantas veces.
—Vaya mierda —dije.
—Pues sí, soy un desastre —dijo él, y me besó hasta que abrí la boca y lo saboreé. Comenzó a mover la mano de nuevo—. Quiero verte llegar al orgasmo.
Aunque Peter hubiera estado recitando el alfabeto, en aquel momento me habría resultado excitante, así  que  aquellas  palabras  fueron  para  mí  lo  más  sexy  que  nunca  me  hubiera  dicho  un  hombre.  Metí  la mano entre nosotros para acariciarlo, y Peter se mordió el interior de la mejilla.
—Yo también quiero verte a ti.
Entonces,  nos  movimos  hasta  que  estuvimos  cara  a  cara,  moviendo  las  manos  al  mismo  tiempo,  en sincronía. Mis risas suaves se convirtieron en gemidos. Las suyas se hicieron tensas, y después inclinó la cara hacia mí, con los ojos cerrados, para besarme el cuello, la garganta, el pecho.
Movió la mano más rápidamente. Yo estaba muy cerca del límite, y mi cuerpo se tensaba. Mi mano también se movía más rápidamente, en sincronía con la suya. Él gruñó, y yo reconocí aquel sonido, y la expresión de su rostro. Lo había visto ya, después de todo.
Aquel  recuerdo, aún tan fresco, me  paralizó  durante  un  instante,  pero  solo  durante  un  instante.  Nos besamos. Su gemido llenó mi boca. Él se estremeció un poco.
—Estoy  muy  cerca…  —susurró.  Sus  dedos  se  movieron  más  lentamente,  dejándome  al  borde  del éxtasis, pero sin obligarme a saltar, para que yo encontrara mi propio momento.
El  orgasmo  me  anegó  de  calor,  y  dejé  que  me  arrastrara. Peter escondió  la  cara  en  la  curva  de  mi hombro y me siguió un momento más tarde. Noté sus dientes en mi piel, pero no me mordió. Mi cuerpo vibró  de  placer.  Su  orgasmo  se  derramó  entre  nosotros,  contra  mi  vientre,  y  tuve  una  sensación sorprendente e íntima.
También me ensucié un poco, pero mientras caía hacia atrás con un suspiro de satisfacción, no me importó.
—Vaya.
Él se desplomó un poco más despacio, boca arriba; su hombro tocaba el mío.
—Umm, umm.
Tardé unos segundos en recuperar el aliento, y después me giré para mirarlo.
—No había vuelto a hacer algo así desde el instituto.

Continuará...
__________________________________
Hola chicas soy Cielo de http://casijuegosca.blogspot.com.ar Espero que les guste la novela! :D 

lunes, 11 de noviembre de 2013

Capítulo 18

Novela: "Al desnudo"
Capitulo 18
La fotografía ya se había formado en mi cabeza. Lo único que necesitaba era hacerla. Me sequé las manos en la parte trasera del pantalón, sin preocuparme de si dejaba manchas, y tomé la cámara del aparador que había junto a la puerta. Peter, sorprendentemente dócil, se había quedado quieto, con la camiseta levantada y la cara girada hacia mí.
Yo lo miré desde la seguridad del otro lado de la lente. La luz lo rodeaba en forma de rayos a ambos lados de su figura.
—Gira la cara.
Él lo hizo, y yo capté el movimiento con una serie de disparos rápidos. Las fotografías iban a ser borrosas, pero no me importó.
—Qué belleza —murmuré, y me pareció oír un ruido que provenía de su garganta. Sin embargo, estaba tan absorta en lo que quería capturar con mi cámara que no le presté atención.
Me acerqué, sabiendo, como siempre, de qué manera podía cambiar mi posición una fotografía. Clic.
Movimiento. Clic, movimiento. No me detuve a mirar las fotografías en la pantalla digital; no quería que lo que estaba consiguiendo interfiriera con lo que veía en mi mente. Todavía no.
—Levántate otra vez la camiseta. Límpiate la cara.
Aquello no fue tan bueno como había sido la primera vez. No era un gesto inconsciente por su parte.
Yo me acerqué a él, observándolo.
—No. Quítatela.
En aquella ocasión no pude fingir que no había emitido ningún sonido. Peter se sobresaltó ligeramente. Pensé que iba a decir que no, pero después se pasó la mano por encima del hombro para agarrarse la camiseta por la espalda y sacársela por la cabeza. La tiró al suelo.
—Guapísimo —dije. Tomé una de las sillas de la mesa de comedor y la acerqué a la ventana, a su izquierda—. Siéntate.
Él se rio, pero obedeció sin protestar.
—Tengo una idea… es solo que… —no sabía expresarla con palabras. Casi nunca era capaz de hacerlo—. Inclina la barbilla solo un poco. Sí. Perfecto. Quédate así.
Enfoqué, y Peter permaneció inmóvil. Tomé otra foto y me acerqué aún más.
—Hueles bien. ¿Qué es?
—Se llama Whip. Lo compro en Black Phoenix Alchemy Lab —dijo él lentamente.
—Es muy bueno.
Me incliné aún más hacia él, y lo miré a los ojos.
— ¿Querrías hacer una cosa por mí? —le pregunté.
Él tragó saliva y exhaló un suspiro sin decir nada. Entonces, asintió. Yo quería acariciarle la cara, pero seguí agarrando la cámara, que hacía que todo aquello fuera seguro.
— ¿Puedes quitarte los zapatos y los calcetines?
Él se echó a reír, no de nervios, sino de la sorpresa, y se inclinó a hacer lo que yo le había pedido. Después se irguió, con una mirada atrevida, interrogativa, de impaciencia.
—Perfecto —dije—. Mira por la ventana. Piensa en algo… sexy.
— ¿Qu-qué? —tartamudeó él, riéndose.
Yo lo miré por encima de la cámara.
—No me digas que no puedes hacer eso.
—Sí puedo hacerlo.
Claro que podía. Miró por la ventana, y su lenguaje corporal varió ligeramente. Se encorvó un poco, con un pie descalzo delante del otro. Era un hombre que estaba relajado con su propio cuerpo, y eso le convertía en un modelo natural. Hice una foto de su perfil mientras él miraba a lo lejos.
Cuando se puso la mano en el pecho, justo por encima del pezón, estuvo a punto de caérseme la cámara al suelo. Tuve que morderme la lengua para no soltar un gritito. «Concéntrate. Concéntrate y haz las fotografías».
«No es real».
«Si lo miras a través de una lente, no es real».
Peter me miró perezosamente.
¿Sí?
—Más…
El sonido de su risa cambió. Se hizo más lento, más grave. Aquel hombre había tenido público más veces. Tal vez no con una cámara, pero no sentía timidez al ser observado.
— ¿Cuánto más quieres, Lali?
— ¿Cuánto más puedes darme, Peter?
Él deslizó la mano por su pecho, por su estómago, hasta que llegó al botón del pantalón. Ninguno de los dos dijo nada. Yo contuve la respiración.
Normalmente, yo no hacía aquel tipo de fotografía. Y, sin embargo, allí estábamos, él delante de mí, dispuesto a desabrocharse el pantalón, y mi cámara preparada. Me humedecí los labios. Miré de nuevo a través de la cámara, para hacerlo irreal.
—Sí —le dije con la voz ronca—. Hazlo.
Él se desabrochó el botón y se bajó la cremallera. Metió la mano dentro. Arqueó la espalda, solo un poco, y su mano desapareció dentro del pantalón.
Emitió otro sonido y cerró los ojos. Se mordió el labio. Yo capté sus dientes blancos. El pelo le cayó hacia delante y lo ocultó.
Clic, clic.
Nada que se vea a través del visor es real. Salvo cuando lo es, claro.
Él movió la mano. Yo sabía lo que estaba haciendo, pero el ángulo de la cámara desde el que estaba disparando mostraba solo a un hombre con la cabeza inclinada hacia delante, absorto. El pecho desnudo.
Los pies descalzos. Me moví en círculo a su alrededor. Se le habían bajado un poco los pantalones vaqueros, y se le veían los hoyuelos del comienzo de la espalda, y un poco del trasero.
Yo puse un taburete delante de él y me subí para fotografiar desde arriba sus hombros anchos y musculosos y su cabeza. No le dije cómo debía moverse, ni lo que tenía que hacer.
Nuestra respiración era muy fuerte.
Bajé del taburete para tomar unas cuantas fotografías más. Lo miré a la cara. No lo toqué, pero me imaginé que lo sentía contra mi cuerpo. Percibía su olor. Creo que emití algún sonido. Peter abrió los ojos. También su mirada estaba desnuda.
Sabía por qué me había advertido Pablo.
Aquello no podía ir a ningún sitio. Yo terminaría avergonzada, rechazada. Ya no tenía nada que ver con las fotos. Volví a poner mi ojo tras la lente.
Él exhaló una bocanada de aire.
— ¿Quieres…?
—Lo quiero todo, Sí.
Él suspiró y se estremeció. Movió la mano, acariciándose. Yo seguí observándolo a través del pequeño cuadrado de cristal e hice realidad las imágenes que tenía en la mente.
Me acerqué para tomar más fotos, pero él me agarró por la muñeca. Yo no me alejé. Lo miré a los ojos y vi una invitación, que se convirtió en una petición cuando me tomó la mano y la colocó bajo la suya. La movió a lo largo de su miembro, lentamente. Hacia arriba y hacia abajo. Yo sentí su dureza y su calor en la palma.
No era la primera vez que acariciaba a un hombre, pero nunca lo había hecho mientras tenía la cámara en la otra mano. Nunca me había sentido incapaz de alejarme, nunca me había quedado paralizada por mi propia excitación. Me perdí en sus ojos grises.
Me quitó la cámara y la puso sobre el alféizar de la ventana. Después me atrajo hacia sí. Movió mi mano con la suya, más rápidamente, y gruñó en voz baja.
Tomó mi otra mano y se la colocó en la nuca, y yo noté la suavidad de su pelo. Mis dedos se entrelazaron con su cabello instintivamente, y él gimió cuando tiré. Echó la cabeza hacia atrás. Movió mi mano con más rapidez.
Yo ya no podía seguir fingiendo que aquello no era real. Era demasiado real, demasiado en todos los sentidos. ¿Quién hacía una cosa como aquella?
Parecía que yo.
Él me soltó la mano cuando empecé a moverla yo misma, y cuando le tiré del pelo una vez más, apretó los dientes y jadeó. Yo nunca había sentido un poder así. Estaba de pie sobre un hombre que, según lo que sabía de él, no debería sentirse excitado por mis caricias. Sentir su pene endurecerse más en mi mano, y oír que se le aceleraba la respiración, más y más… Verlo cerrar los ojos…
—Mírame —le dije.
Él lo hizo.
Estuve a punto de llegar al orgasmo con aquella mirada.
Lo solté y retrocedí dos pasos. Cuatro. Él se estremeció e hizo un sonido de protesta, pero no se movió.
— ¿Qué demonios —murmuré yo, con la voz temblorosa— está ocurriendo?
—Lali…
Negué con la cabeza y seguí caminando hacia atrás.
— ¿Por qué me estás tomando el pelo?
—Yo no te estoy… Lo siento —dijo él rápidamente—. Es que… De veras, no pensaba que fuera a suceder esto.
Yo exhalé todo el aire de los pulmones, y noté que se me hundían un poco los hombros.
—Creo que será mejor que te vayas.
—Me gustas, Lali.
—Ni siquiera me conoces.
Con un suspiro, él dio un paso hacia atrás. A mí no me gustaba la distancia que se estaba creando entre nosotros, pero me quedé inmóvil. Peter se puso en jarras.
—Podría llegar a conocerte.
—No creo que eso sea buena idea.
— ¿Por qué no?
—No creo que hayamos empezado del mejor modo —dije, señalando a la silla, y noté que me ruborizaba.
Él también miró hacia la silla, y después me miró a mí.
—Lo siento. Eso ha sido… De veras, no lo había planeado.
Sabía que él no lo había planeado, y que yo tampoco, pero había sucedido. Había sido algo inesperado y completamente excitante, pero inaceptable. Además, había otra cosa…
Debería haberle dicho que lo había visto con Evan, y que sabía que se había acostado con Pablo.
Sin embargo, para eso tendría que reconocer que estaba en la habitación, ¿y cómo podía explicárselo sin que pareciera que era una mirona pervertida? ¿O que era una ex novia celosa?
—Pablo me dijo que no te gustan las chicas —murmuré finalmente.
—Pablo —respondió Peter— no tiene ni la más mínima idea.

Continuará...
__________________________________
Hola chicas soy Cielo de http://casijuegosca.blogspot.com.ar Espero que les guste la novela! :D 

Nara: esperate esperate SE QUE ESTE CAPITULO TE ENCANTO :P Pero ahí mas aguardando :) lo prometo